Nací en una época donde el escuchar hablar de enfermedades
como la polio, el sarampión, la meningitis y otras enfermedades de ese tipo era muy raro y los casos de conocidos con
estos padecimientos lo era todavía más. Creo que la peor epidemia a la que me
enfrenté fue una de piojos en la escuela (que gracias a mi mamá no pasó de
tener que ponerse un shampoo antipiojos sin tener que padecerlos) y fuera de
ahí tuve una infancia bastante saludable.
Tuve varicela, y si bien no me fue mal (pudo haber sido
mucho peor) me acuerdo mucho de la
comezón. Me acuerdo también de la pomada que me ponía mi mamá para “jugar a las jirafas”, o frases
como “las jirafas no se rascan”. Yo con las manchas que causaba la pomada me
sentía feliz y me hizo la enfermedad más llevadera, además de que fui
afortunada y no quedaron ni marcas ni
secuelas. También creo que debo agradecer el hecho de no haber crecido en una
familia de escasos recursos y de ser hija de un médico y vivir en una familia
que tomó todas las precauciones para que esto fuera así.
Supe de casos y he visto gente que padeció polio y las
secuelas son pavorosas. Un hermano de mi mamá falleció a causa de eso y no tuve
la fortuna de conocerlo porque la enfermedad no lo permitió.
Creo que como generación no dimensionamos la gravedad de
esas enfermedades porque hemos tenido la fortuna de vivir en una época donde
estas enfermedades parecen un mito y son muy lejanas. Creo que les restamos
importancia porque no hemos tenido que enfrentarnos a ellas y eso es muy
preocupante.
Ahora que soy mamá y soy responsable de la vida de un niño me
aterra escuchar de mamás de otros niños que no van a vacunar a sus hijos por
falta de información y conocimiento.
Me aterra aún más leer sobre brotes de enfermedades que
estaban virtualmente erradicadas y ver cómo hay gente que puede poner en riesgo
la vida de sus hijos y los hijos de otras personas por no tomar los cuidados
necesarios.
Me da pánico que mi hijo contraiga una enfermedad que puede
prevenirse porque aún no tiene la edad suficiente para aplicarle la vacuna y
que alguien que puede evitarla tenga contacto con él y lo contagie.
He estado leyendo del caso del brote de sarampión en Disney,
de casos aislados en ciudades de primer mundo donde ha habido nuevos brotes y
la indignación que está causando.
Entiendo que como padres tenemos el derecho de tomar
decisiones respecto a la salud de nuestros hijos, pero ¿no termina esta
libertad cuando afectamos a otras personas, a otros niños?
Por eso estoy aquí, escribiendo un blog que espero aporte un
granito de información sobre las vacunas, las enfermedades y cómo prevenirlas.
No pretendo atacar a nadie y espero poder aportar información útil que ayude a
los papás preocupados como yo a tomar la mejor decisión por la salud de
nuestros hijos, especialmente cuando su salud también puede afectar la salud de otros.
¡Gracias por leerme!... y ¡Arrancamos!